Templo de Artemisa 0

Jul15

Templo de Artemisa (Éfeso)

El Templo de Artemisa fue un templo ubicado en la ciudad de Éfeso, Turquía, dedicado a la diosa Artemisa, denominada Diana por los romanos. Su construcción fue comenzada por el rey Creso de Lidia y duró unos 120 años.

En Éfeso debía su gran renombre al Templo de Artemisa (Diana en la mitología romana), se encontraba en una próspera región, donde cruzaban viajeros y mercaderes de de toda Asia Menor. Fue influenciado por varias creencias, y era un símbolo de fe para muchas gentes. Recibe a veces el nombre de «Templo de Creso», ya que fue este rey lidio su principal benefactor. Creso es un protector de sabios y artistas, el mismo Esopo ha pasado por su corte, y se propone levantar un nuevo templo a Artemisa, mejor que el anterior. Para ello se lleva a cabo una suscripción pública; todos los ciudadanos donarán algo de dinero para el templo nuevo. Los arquitectos originales del templo anterior fueron Peonio y Demetrio, ambos de Efeso, el último de ellos llamado «esclavo de Artemisa». 

En su interior se disponía la escultura de artemisa de forma similar a la que se encuentra en el museo de Efeso, de color negro y cubierta de oro. Parece ser que podría haber sido esculpida con la roca de un meteorito.

Los habitantes de sus alrededores tenían derecho de asilo. Este edificio, que fue visto como una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Los efesios adoraban a Cibeles, e incorporaron gran parte de sus creencias al culto de Artemisa. El culto de Artemisa atrajo miles de adoradores de todas partes del mundo conocido.

La diosa Artemisa o Diana era la diosa de las cosechas, de la naturaleza y de la caza. Entregada a este ejercicio varonil, acabó por volverse insensible a las inclinaciones de su sexo. Ninguno de los pretendientes que intentaron su amor lo lograron y por eso se le dio el sobrenombre de casta. Asociada a la luna, era la protectora de los partos de las mujeres, y también de la juventud. Una clase de sacerdotes, conocida como los Theologoi, tenía la misión de interpretar los misterios del culto que se le rendía a la diosa Artemisa. Entre los asirios y babilonia, Ishtar, se la conocía como la madre misericordiosa que intercede ante los dioses en favor de los adoradores de ella. Algunos de esos nombres y atributos se aplican hoy a la Virgen María. La estatua del templo cualquiera que hubiera sido su material, era un símbolo de la fertilidad, por cuya razón su cuerpo estaba cubierto con muchos pechos.

En el 356 a.C. fue destruido por el incendio provocado por un loco, Herostrato, que quiso con ello inmortalizar su nombre (356 A.C.) la misma noche en la que nació Alejandro Magno. La ciudad entera dormía, y no fue posible impedir que las llamas destruyeran a este monumento incomparable, ni salvar las incalculables riquezas allí acumuladas.

Fue reconstruido después, casi en las mismas proporciones, por el arquitecto Dinócrates.

La mayoría de las descripciones físicas del templo provienen de Plinio el Viejo, aunque hay discrepancias en torno al tamaño. Plinio describe el templo como de 377 pies de largo (110m) por 180 pies de ancho (54m), hecho mayormente de mármol. Constaba de 127 columnas, cada una de 60 pies de alto (18m). Muchas de ellas con adornos tallados. El estilo del edificio era jónico. Albergaba varias obras de arte: esculturas de los renombrados Polícleto, Fidias, Cresilas y Fradmon; pinturas, columnas doradas de oro y plata. Varias de esas esculturas se referían a amazonas, que según la leyenda se habían encontrado en esa región.

Todavía se estaba reconstruyendo el Templo de Artemisa en 334 a.C. cuando Alejandro Magno pasó por Efeso al principio de su invasión de Asia. Cuando vio las ruinas parcialmente reconstruidas del templo, Alejandro se ofreció a cubrir los gastos de la reconstrucción completa, pero los efesios declinaron el ofrecimiento con elegancia, aduciendo que no era propio de un dios consagrar un templo a otro. Sin embargo, es indudable que Alejandro contribuyó generosamente a la reconstrucción del Templo de Artemisa, ya que designó a un arquitecto para supervisar el proyecto, Dinócrates. Se hablaba en toda Asia de los tesoros que atestaban sus galerías subterráneas, como también de su belleza arquitectónica.

La armonía de sus proporciones hacía de ella una auténtica joya del arte griego. Además, numerosas estatuas y otras obras de arte, fruto de los más famosos artistas del mundo griego, estaban en el Templo de Artemisa y aumentaron su fama. Muchos reyes y personas ricas donaron obras de arte para este templo como regalos consagrados a él. En el predio del templo se celebraban numerosos festines relacionados con el culto de Diana. Estas eran ocasiones en las que se comía y bebía con desenfreno y se practicaba la más crasa inmoralidad. La más espectacular de esas festividades duraba varios días durante el mes de Templo de Artemisa (marzo-abril), que era dedicado a Artemisa.

“Como la ciudad había crecido mucho, Servio Tullio organizó la administración civil y militar para que no se pusiese sólo el empeño en las armas, y trató de aumentar su poder por medio de la razón y del diálogo. De esa manera añadiría honor a la ciudad. Ya entonces era importante el templo de Diana en Éfeso, que según se decía, había sido construido de común acuerdo por todas las ciudades de Asia. Servio alababa este consenso ante los más importantes de los Latinos, con quienes había hecho, a propósito, pactos de amistad públicos y privados. Logró, por fin, a fuerza de repetirlo, que los Romanos y los Latinos consagrasen juntos un templo a Diana. Era el reconocimiento de que Roma era la cabeza de la región, causa de las guerras anteriores. Consagración de un Templo a Diana. Livio, I, XLV

Un rasgo original del Templo de Artemisa es que no estaba orientado hacia el este, como era habitual, sino hacia el oeste.

Durante los casi tres años que Pablo predicó en Efeso, las prácticas idolátricas de Diana disminuyeron de adeptos. Aunque después del tumulto que se registra en Hechos 19, el apóstol abandonó la ciudad, sin embargo, la semilla que había sembrado produjo una abundante cosecha. Dos siglos más tarde toda la ciudad y la zona de influencia aceptaron el cristianismo. Lo que temían los contemporáneos de Pablo ocurrió. El templo de Diana perdió importancia y cuando fue incendiado por los godos en el año 262, había decaído tanto su influencia que no fue reedificado. Sus columnas de mármol fueron derribadas y se las usaron para la edificación de iglesias cristianas como la de Santa Sofía, en Constantinopla. Lo que quedó de esa gran maravilla del mundo fue usado en la construcción de casas, quemado y convertido en cal. A lo largo de los dos siglos siguientes, la mayoría de los efesios se convirtieron al cristianismo, y el antiguo templo perdió su interés religioso.

 

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